Buedo, 1752: así era nuestro pueblo según el Catastro del Marqués de la Ensenada

03/11/2026

El 2 de septiembre de 1752, las autoridades y los vecinos de Buedo respondieron a las preguntas de la Corona sobre sus tierras, ganado, propiedades, actividades y obligaciones. Más de 270 años después, aquellas respuestas conservadas en el Archivo General de Simancas nos permiten acercarnos a la vida cotidiana de nuestro pueblo en el siglo XVIII.

El Catastro de Ensenada: conocer los pueblos para conocer el reino

A mediados del siglo XVIII, durante el reinado de Fernando VI, el ministro Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada, impulsó un ambicioso proyecto para conocer la riqueza de los territorios de la Corona de Castilla y establecer un sistema fiscal más uniforme: la llamada «Única Contribución».

Para conseguirlo se realizó una extensa investigación en miles de localidades. Sus autoridades y vecinos respondieron a un interrogatorio de 40 preguntas sobre las tierras, los cultivos, el ganado, los oficios, los molinos, las rentas y las obligaciones económicas.

Las respuestas de cada localidad quedaron recogidas en los documentos conocidos como Respuestas Generales del Catastro de Ensenada.

Gracias a este trabajo podemos conocer cómo era Buedo en 1752, quiénes eran algunos de sus vecinos y cómo se organizaba la vida económica y social de la localidad.

2 de septiembre de 1752: los vecinos de Buedo ante el interrogatorio

El interrogatorio se realizó en el propio lugar de Buedo el 2 de septiembre de 1752, ante el juez subdelegado don Francisco de Villalobos.

Comparecieron el regidor Martín Campo, de unos 70 años, y dos peritos nombrados por el pueblo: Thomas Moreno, de 48 años, y Manuel Plaza, de 30.

Por parte de la Real Hacienda participaron otros dos peritos: Melchor García, de 46 años, y Juan González, de 42.

También estuvo presente don Agustín Campo, sacerdote encargado de la parroquia de San Cristóbal.

Las edades aparecen expresadas como aproximadas. El documento recoge además un detalle humano: el regidor no sabía firmar y fue Phelipe Campo quien firmó por él como testigo.

El nombre de la localidad aparece escrito de dos maneras: Buedo, en el contenido del documento, y Vuedo, en la portada. Ambas formas quedan recogidas en este testimonio histórico del nombre antiguo de nuestro pueblo.

Un lugar de señorío perteneciente al Partido de Carrión

En 1752 Buedo pertenecía al Partido de Carrión, dentro de la antigua provincia de Toro. La actual provincia de Palencia no se constituyó hasta la reorganización territorial de 1833.

La localidad era un lugar de señorío perteneciente al Conde de Siruela.

Este señorío tenía derechos económicos sobre el concejo, entre ellos el cobro de infurciones o foros, gallinas y penas de cámara.

Las alcabalas, que ascendían a 48 reales anuales, también correspondían al Conde de Siruela y estaban encabezadas conjuntamente con la villa de Castrejón y los lugares de su jurisdicción.

Es un testimonio que permite comprobar que la relación administrativa y económica entre Buedo y Castrejón tiene antecedentes históricos de varios siglos.

Un término pequeño, tierras comuneras y límites compartidos

Los peritos describieron un término propio de reducida extensión, cuyos límites eran los lugares de Cubillo, Loma y Castrejón. El documento incluye también un dibujo del término.

Además, Buedo compartía dos espacios comuneros con localidades vecinas:

  • Recubillo, compartido con Cubillo y Loma.

  • La Valleja de la Redonda, compartida con Loma y Castrejón.

En total, el documento recoge 308 fanegas y 2 celemines de tierra.

Entre los terrenos declarados figuraban tierras de regadío y secano, prados de guadaña, eras, herrenales y monte alto y bajo de roble.

Las eras y los prados tenían un aprovechamiento común, tanto para el pasto del ganado como para las labores de trilla.

La descripción nos muestra un territorio en el que la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento compartido de los recursos naturales tenían un papel fundamental.

Qué se cultivaba y cuánto valían los productos

La agricultura era una de las principales actividades económicas de Buedo.

Los vecinos declararon que en sus tierras se cultivaban:

  • Trigo.

  • Cebada.

  • Centeno.

  • Avena.

  • Linaza.

  • Lino.

  • Hierba.

El interrogatorio también recoge los precios que se consideraban habituales en aquella época:

Producto Precio en 1752
Fanega de trigo 16 reales
Fanega de centeno 12,5 reales
Fanega de cebada 9 reales
Cordero 8 reales
Arroba de lana 25 reales
Libra de cera 7 reales

Estos valores nos permiten acercarnos a la economía rural de mediados del siglo XVIII y conocer cómo se valoraban algunos de los productos agrícolas y ganaderos de la localidad.

Un molino, treinta colmenas y 167 cabezas de ganado

Entre los elementos más interesantes de la descripción aparece un molino harinero de una rueda, situado en el arroyo inmediato al pueblo.

No funcionaba durante todo el año: únicamente molía cuatro meses. Su propiedad estaba repartida entre varios vecinos de Buedo y de localidades próximas.

La apicultura también estaba presente. El documento contabiliza 30 colmenas, distribuidas de la siguiente manera:

  • 3 pertenecían a Manuel Plaza.

  • 17 eran de los herederos de Phelipe Campo.

  • 10 pertenecían a un vecino de Villanueva de la Peña.

En cuanto a la ganadería, el interrogatorio recoge 167 cabezas de ganado lanar y cabrío.

Molino, colmenas y ganado completaban una economía rural en la que los recursos disponibles se aprovechaban de distintas maneras.

San Cristóbal: la parroquia de Buedo

La iglesia parroquial estaba dedicada a San Cristóbal, la misma advocación que conserva el templo histórico de Boedo de Castrejón, actualmente incluido en la Lista Roja del Patrimonio.

El documento acredita la existencia de la parroquia y su organización económica, aunque no permite asegurar por sí solo que el edificio que conocemos hoy sea exactamente el mismo que aparece en las referencias de 1752.

El cura recibía los diezmos y la primicia se destinaba a la fábrica de la iglesia, es decir, al mantenimiento y las necesidades del templo.

También conocemos un detalle sobre la atención religiosa: don Agustín Campo no residía en Buedo, sino en Loma, desde donde atendía la parroquia.

El interrogatorio señala igualmente que no había ningún convento dentro del término de la localidad.

Las deudas del concejo y el trabajo en el campo

La documentación económica ofrece otra información interesante sobre la situación del pueblo.

El concejo de Buedo tenía dos censos o préstamos pendientes:

  • 1.500 reales, adeudados a las monjas clarisas de Aguilar de Campoo.

  • 800 reales, adeudados a un vecino de Potes.

Según las declaraciones recogidas, ambos préstamos se habían solicitado para hacer frente a las necesidades ocasionadas por unos años de malas cosechas.

En cuanto al trabajo agrícola, el documento identifica tres labradores.

Los jornales declarados eran de tres reales para un labrador y de dos reales para sus hijos y criados.

Son datos que ayudan a comprender las dificultades económicas de una pequeña comunidad agrícola, donde las malas cosechas podían obligar al concejo a recurrir al endeudamiento.

Buedo en 1752: una ventana a nuestro pasado

El Catastro del Marqués de la Ensenada nos permite reconstruir una parte de la historia de Buedo a partir de las declaraciones de sus propios vecinos.

Sabemos quiénes representaban al pueblo, qué cultivos se trabajaban, qué ganado se criaba, cómo se aprovechaban los terrenos comuneros, dónde se encontraba el molino y qué obligaciones económicas tenía el concejo.

También conocemos los nombres de personas que vivieron aquí hace más de dos siglos y medio.

No es solamente un documento fiscal. Es un testimonio histórico que nos acerca a la organización y a la vida cotidiana de una pequeña localidad rural de la Montaña Palentina.

Hoy, cuando Boedo de Castrejón trabaja por conservar su historia y construir su futuro, recuperar estos documentos significa algo más que consultar un archivo: significa reconocer las raíces de una comunidad que ha atravesado generaciones.

Descubrir de dónde venimos para saber adónde vamos.

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