💧El molino de Boedo de Castrejón: memoria del agua y del trabajo rural
El molino de Boedo de Castrejón, hoy en silencio pero aún en pie, tiene las siguiente las características:
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Techo: ambos presentan una cubierta a dos aguas, de tejas cerámicas curvas color marrón-terracota. La forma y disposición son idénticas.
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Estructura: edificios de una sola planta, proporciones pequeñas y aspecto rústico, coherentes con la tipología de los molinos rurales.
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Paredes: revoco de mampostería en tono claro (gris-beige), textura rugosa y envejecida por el tiempo.
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Ventanas y aberturas: huecos pequeños, distribuidos del mismo modo: una ventana lateral, una abertura central y una contraventana blanca.
Las diferencias visibles se deben solo al paso de los años y al cambio de vegetación: donde en 2014 predominaba la pradera despejada, hoy crecen álamos y hierba alta.
El edificio y su historia
Según el Catastro de España, el molino figura como "Molino, Castrejón de la Peña (Palencia)", con referencia 34049A51800041 0000 PE.
La parcela —polígono 518, parcela 41— abarca 29.337 m², y la edificación principal, de 105 m² sobre rasante, data de 1920.

De una sola planta y techumbre de teja curva, conserva su estructura original de mampostería y la disposición típica de los molinos de la Montaña Palentina.
Fue propiedad de Quitiliano García, último molinero del valle, recordado por su constancia y sabiduría en el arte de la molienda.
El corazón del valle
Hay lugares donde el tiempo no pasa: solo reposa. Uno de ellos es el molino de Boedo de Castrejón, escondido entre chopos y praderas, junto al rumor del río Boedo.
Durante décadas, el agua fue su energía y su alma. Allí, donde el río se estrecha y el aire huele a cereal recién molido, Quintiliano García convirtió el esfuerzo en arte.
El molino era el corazón palpitante del pueblo. A su puerta llegaban carros de Colmenares, Roscales, Cantoral, Cubillo y Castrejón, todos con sacos de grano a la espera de su turno.
Mientras las piedras giraban, el sonido del agua se mezclaba con las conversaciones, el humo del tabaco y las risas de los chiguitos que se bañaban en la poza cercana.
El cronista Faustino Narganes Quijano recordaba aquel ambiente como un punto de encuentro más que de trabajo: un lugar donde se molía el grano, pero también las historias y la amistad.
El oficio del molinero
Ser molinero era una vocación heredada del agua. Quintiliano sabía escuchar el cauce, medir su fuerza y ajustar la compuerta con precisión milimétrica.
De madrugada, el valle se llenaba del ritmo de su maquinaria —clac, clac, clac—, como si el molino tuviera corazón propio.
Mientras el molino sonaba, decían los vecinos, Boedo estaba vivo.
Del sonido del agua al silencio
El progreso trajo el silencio.
Las nuevas harineras industriales y la despoblación rural apagaron poco a poco aquel latido.
A comienzos del siglo XXI aún se conservaban las piedras de moler, la compuerta y la pequeña habitación donde descansaba el molinero.
Hoy, cubierto de hierba y silencio, el edificio sigue en pie, testigo de una época en la que el trabajo y la naturaleza eran una sola cosa.
Un museo para no olvidar
Recuperar el molino y su entorno es un sueño compartido: convertirlo en un Museo del Agua y de la Vida Rural, un espacio vivo donde los niños puedan ver cómo el río hacía girar las piedras y cómo el esfuerzo humano alimentaba a los pueblos.
Sería un acto de justicia con la memoria rural de la Montaña Palentina.
Porque si el río Boedo es la arteria del valle, su molino fue siempre el corazón que latía sin descanso.
Y aún hoy, cuando el viento pasa entre sus muros, parece que susurra su vieja melodía:
"Mientras el agua corra, Boedo vivirá."
📚 Fuentes: Dirección General del Catastro (Ref. 34049A51800041), archivo local.
🖼️ Fotografías: Molino de Boedo de Castrejón (2014 y 2025). Archivo local.
📌 Nota: Este artículo aclara que cualquier actuación sobre el molino, el cementerio o cualquier otro bien del pueblo requerirá siempre el consentimiento expreso de sus propietarios. Si en algún momento no se reflejó así, se trató de un lapsus que ya queda corregido.